Paula Sanz Caballero (Ontinyent, 1969), es una de las ilustradoras más influyentes del panorama actual. Posee una reconocida fama mundial, ya que ha trabajado para firmas como Vogue, Elle, American Express, Marie Claire o The New Yorker; y ha expuesto en galerías de arte repartidas por València, Madrid, Nueva York o Londres.

 

 

Tus ilustraciones son inconfundibles. ¿Cuál dirías que es tu sello de identidad?

Al ser la mayoría de veces ilustraciones de moda mantengo ese viejo código de la moda de la estilización de hombres y mujeres. Quizás el trazo nervioso y las posturas imposibles.

Sí que fui pionera en la técnica con la que yo empecé, que era la del cosido en la ilustración de moda. Pero ahora me dedico más a tinta y lápiz.

 

¿Cómo fue eso de empezar a utilizar el cosido para el diseño?

Fue una casualidad. Yo trabajé unos años de azafata de vuelo y tenía que pintar los cuadros por la noche en los hoteles para llegar a las exposiciones. En un vuelo largo, una noche, empecé a coser por diversión. Esto fue antes del 11 de septiembre. Por casualidades, mis galeristas lo vieron y decidieron exponerlos. A partir de ahí empecé a tener muchos encargos de firmas como Vogue, y casi sin darme cuenta tuve que dejar mi otro trabajo para dedicarme plenamente a la ilustración.

Vengo de una familia de industriales textiles, y desde pequeña vi siempre planchas de estampación e hilos por todas partes. Porque de coser no tenía ni idea, y de hecho sigo sin saber.

 

¿Cómo es trabajar para las grandes marcas? ¿Son exigentes?

Cuanto más grande y seria es una empresa, más fácil es trabajar, porque un director artístico sabe cuál es su lugar y cuándo darle libertad a un artista. Y eso te permite confiar en tu trabajo y hacerlo bien. Tienen respeto hacia los artistas y su trabajo.

 

Artista… ¿se nace o se hace?

Yo siempre he pensado que se nace. Desde pequeña yo ya me sentí rara. No aceptaba órdenes ni me gustaba darlas. Mis primeros recuerdos son dibujando, y nunca me interesó lo que hacía la gente de mi edad. Digamos que no soy artista por lo que hago, sino por lo que no quiero hacer.

 

Y lo has sido, porque tus ilustraciones han viajado por todo el mundo. ¿Cambia la percepción del arte dependiendo del lugar en el que te encuentres?

Hoy en día todo está muy globalizado, y ya no es tanto la diferencia por culturas sino por gente que realmente ha vivido el mundo del arte en sus carnes. Esa es la gran diferencia, porque para entender el arte de hoy en día necesitas una preparación previa

 

¿Ilustración, diseño y moda deben ir de la mano?

Suelen ir. Aquí en Valencia hay mucha tradición de ilustraciones en cómic, pero eso empieza a cambiar. Hay muy buenos ilustradores de moda, y a mi ahora me encargan trabajos en los que también cobra protagonismo el diseño gráfico. Es el resultado de que todo vaya encaminado al mundo de la publicidad.

 

Y hoy en día más con el auge publicitario…

Van relacionados, aunque cada uno tiene una profesión diferente.

 

Taschen te ha reconocido como una de las 150 mejores ilustradoras. ¿Da vértigo?

Una cosa es lo que dicen y otra es como se siente uno. Yo soy ese tipo de persona eternamente insatisfecha, que sufro lo indecible y que creo que de un dibujo a otro he desaprendido. Una artista insegura. Cuando me dicen cosas como esa tiendo a pensar que se equivocan, que no son conscientes de lo que dicen. Al principio te halaga, pero una por dentro nunca se lo acaba de creer.

 

Más que insegura, yo diría inconformista…

Pues quizás es eso. O las dos cosas. Pero nunca un dibujo se parece a lo que quiero.

 

Tras tantos años… ¿qué dirías que te queda por lograr?

Tengo muy claro qué artistas tengo como referentes, y creo que si algún día muero y me ponen en mi lápida “Consiguió hacer una sola línea de la calidad de X persona”, yo ya estaría contenta. Mi meta es llegar a hacer un día un dibujo con el que diga: “Es esto. Esto era dibujar y comprender el cuerpo humano”. Ese es mi mayor desafío.

 

 

 

 

 

 

 

 

(Entrevista publicada en el periódico Levante-EMV -La Costera, La Canal y la Vall d’Albaida-, en julio de 2016).

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