Ha vuelto a suceder. El planeta entero se pone las manos en la cabeza. ¿Cómo puede un tipo como Donald Trump llegar a ser presidente de los Estados Unidos? Que se lo pregunten a los más de 59 millones de personas que lo han votado. Porque desde hace unos meses, la figura del magnate estadounidense era sinónimo de mofa. Una mera anécdota que se fue abriendo paso hacia la candidatura republicana. Pero la broma se les ha ido de las manos. Se nos ha ido de las manos. Hoy, ese hombre con un discurso rancio, xenófobo y populista, está haciendo las maletas para mudarse a la Casa Blanca el próximo mes de enero.

Una vez más, los sondeos han quedado en evidencia. Un 2016 de película. Tras el batacazo del Brexit, el Sorpasso de Podemos y la ‘no paz’ de Colombia, como en los buenos films, la trama dejaba lo mejor para el final: la victoria de Donald Trump contra pronóstico, aunque precisamente lo inusual se esté convirtiendo en lo más normal. Porque Hillary venció por un estrecho margen en número de votos (47,7% a 47,5%, algo más de 200.000 votos de diferencia), pero los votos electorales han favorecido al candidato republicano (306 a 232).

Quizás el primer error demócrata fue escoger a su candidata. Y no precisamente por su género. El escándalo de los e-mails, destapado por Wikileaks, fue una losa pesada, pero también el apellido que tiene Hillary, que ya dio que hablar años atrás, ha provocado que la candidatura demócrata haya perdido 6,5 millones de votos respecto a los que consiguió Obama cuatro años atrás. Tal vez no era la mujer indicada. Puede que mandar a Hillary Clinton al despacho oval fuera sucumbir a los poderes fácticos y al ‘status quo’ capitalista que se ha instaurado en este planeta. Pero desde luego era una opción más moderada que la de una victoria que nos lleva a la incertidumbre. Consuelo de tontos.

El nuevo jefe del mundo siente animadversión hacia los inmigrantes, pretende levantar un muro que los separe de México y tiene un gran número de denuncias de mujeres que aseguran haber sido acosadas por él. El nuevo presidente del mundo pretende el ostracismo de su mercado y la bajada de los impuestos a las grandes fortunas. El nuevo jefe del mundo simpatiza con Putin y ha sido felicitado por la ultraderechista Marine Le Pen. ¿Será precisamente Francia el próximo capítulo de esta espiral de despropósitos en la que nos hemos sumido?

Con estos hechos fehacientes, es complicado convencer a la sociedad de que el abuso y la violencia contra los inmigrantes o las mujeres es un cáncer a erradicar. Trump será el primer presidente estadounidense sin experiencia previa en el servicio público. Su victoria hace peligrar el pacto contra el cambio climático y tambalea el mundo entero. Demuestra que nos equivocamos en todo lo que creíamos saber, y que cualquiera puede llegar a ser presidente de la mayor potencia del planeta.

Y eso, da miedo.

 

 

 

 

 

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