Mañana estaré muerto

“Mañana estaré muerto”. Capítulo 2

Lee aquí el Capítulo 1

El inspector Vallejo releyó la nota por decimocuarta vez, como intentando dilucidar el misterio que esa noche estaba empezando a atenazarle. Primero esa extraña llamada desde un número oculto, instándole a acudir al domicilio en el que se encontraba, y después esa nota que contenía un mensaje corto pero alarmante. Levantó la cabeza por fin del trozo de papel y se lo guardó en el bolsillo. Sospesó durante unos instantes su próximo paso y decidió echar un vistazo por la casa.

En el salón, pilas de periódicos se mantenían suspendidas en el aire con cierto mérito. En el suelo, Vallejo apreció unos recortes de algunos de esos diarios. Eran textos de mayor o menor envergadura que tenían algunas partes subrayadas. Al leerlos, el inspector se dio cuenta de que todos tenían un nexo en común. Todos ellos apuntaban, de un modo u otro, a una investigación que se encontraba bajo secreto de sumario, y unas iniciales: A.F., que supuso que se referían a uno de los investigados. Las noticias no decían nada claro, pero correspondían a periódicos de diferentes países. Estaban escritos en francés, italiano, ruso, inglés, portugués y en otro idioma que el inspector supuso que era turco.

Tras dejar los recortes en la mesa de madera que descansaba sobre una esquina de la habitación, con la intención de volver a ellos más tarde,  Vallejo se dispuso a explorar el resto de la casa. El angosto pasillo, se abría en varios sentidos, emulando las ramificaciones de un árbol. La primera de las estancias que se encontró, fue el baño. El aspecto era muy similar al que había encontrado en el salón, con todo revuelto. Vallejo distinguió un rollo de papel higiénico vacío por el suelo junto a unas zapatillas de deporte. Sobre la pila descansaba un secador y un bote de colonia sin marca. Vallejo se echó un poco en la muñeca y la olió. Apestaba. Al levantar la vista, se encontró con un puñado de botes de pastillas. “Antidepresivos”, descubrió. Los había de distintos tamaños y colores. “Aquí vivía una persona atormentada”.

Vallejo salió del baño y entró a la cocina. La nevera estaba abierta y se percató de que algunos productos se habían descongelado y habían encharcado el suelo. Tras seguir el rastro, distinguió que el agua confluía con un líquido más oscuro. “¿Eso es…?”.  Vallejo entendió que se trataba de sangre. Siguió el rastro, que se alejaba de la cocina por el pasillo y llegaba hasta la puerta del domicilio. El inspector había llegado ensimismado en sus pensamientos y ni siquiera se había dado cuenta del reguero que había dejado alguien al salir de la casa. “No le dio tiempo ni a cerrar la puerta”, pensó Vallejo recordando que había encontrado la entrada abierta. El rastro seguía por las escaleras, por el portal, y hasta la calle. De repente, junto a la carretera, se perdía. “Debió pedir un taxi o subirse en el coche de alguien”.

El inspector se apostilló en la acera de enfrente, y se permitió el lujo de encenderse un cigarrillo. Quería asimilar todo lo que estaba sucediendo. Una hilera de coches desfilaban por la calle, mientras uno de ellos hacía sonar su bocina. También un nutrido grupo de personas se atrevían a dar un paseo desafiando las bajas temperaturas. Una mujer empujaba el carrito de su bebé, y un par de hombres entraban en el portal que hacía unos instantes él mismo había abandonado. Vallejo dio una última calada y sacó su teléfono móvil, dispuesto a realizar una llamada.

-Hola Cristina, buenas noches, necesito que la científica acuda a la Calle Guerrero. Creo que he encontrado algo y necesito que cotejen la zona.

-Enseguida inspector-, contestó una voz femenina al otro lado de la línea.

-Gracias-, dijo Vallejo antes de colgar. Desde el bordillo en el que había tomado asiento, se dispuso a devolver la llamada que había recibido en la casa, consciente de que no serían buenas noticias. Sin embargo, un extraño movimiento captó su atención. Del portal salían dos individuos enmascarados, que echaron a correr calle abajo. Vallejo se dio cuenta de que eran los mismos que unos minutos antes habían entrado. Dudó si echar a correr tras ellos, y cuando estaba a punto de emprender la persecución, se quedó paralizado. De repente, la calle olía a humo. “¡NO!” Al levantar la cabeza, Vallejo comprendió lo que estaba pasando.

La casa que había estado inspeccionando estaba siendo consumida por las llamas.

 

Capítulo 3

 

 

Anuncios

5 comentarios sobre ““Mañana estaré muerto”. Capítulo 2

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s