Prosa poética

Mi primera vez

Ayer fue mi primera vez. La verdad, fue en parte como la había imaginado. Me sentí bastante nervioso durante los momentos previos, me sudaban las manos y se me aceleraba el pulso. Miraba al suelo constantemente, avergonzado, y las palabras apenas salían de mis labios cuando me hacían algún comentario. “¿Pero qué haces, insensato?”, me dije. Pero la inquietud fue menguando con el paso del tiempo, transformándose en excitación, pasando de los susurros a los gritos en décimas de segundo; poniendo la piel de gallina (y eso no era nada fácil con el calor que hacía en esa estancia). ¿Cómo no había hecho esto antes? Sentí como si el paso de los años hubiera conspirado para llevarme a ese lugar y a ese momento en que la magia se apoderó de todo. Ya sabéis, las primeras veces siempre encierran a partes iguales temor y adrenalina. Y no es algo muy usual pero… ¡fueron dos horas y media! No exagero. La gran mayoría llega antes a la extenuación, lo sé, pero es que ayer había cosas que celebrar y supongo que eso a veces puede con todo. Era mi primera vez, sí, pero siempre y cuando pueda, repetiré, ya lo creo.
Al fin y al cabo, tampoco está tan mal eso de ir solo a un concierto.

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